jueves, 3 de enero de 2013
jueves, 27 de diciembre de 2012
ANTONIO MACHADO
¡Oh, soledad, mi sola compañía,
oh musa del portento, que el vocablo
diste en mi voz que nunca te pedía!,
responde a mi pregunga: ¿con quién hablo?
Ausente de ruidosa mascarada,
divierto mi tristeza sin amigo,
contigo, dueña de la faz velada,
siempre velada al dialogar conmigo.
Hoy pienso: este que soy será quien sea;
no es ya mi grave enigma este semblante
que en el íntimo espejo se recrea,
sino el misterio de tu voz amante.
Descúbreme tu rostro, que yo vea
fijos en mí tus ojos de diamante.
oh musa del portento, que el vocablo
diste en mi voz que nunca te pedía!,
responde a mi pregunga: ¿con quién hablo?
Ausente de ruidosa mascarada,
divierto mi tristeza sin amigo,
contigo, dueña de la faz velada,
siempre velada al dialogar conmigo.
Hoy pienso: este que soy será quien sea;
no es ya mi grave enigma este semblante
que en el íntimo espejo se recrea,
sino el misterio de tu voz amante.
Descúbreme tu rostro, que yo vea
fijos en mí tus ojos de diamante.
viernes, 21 de diciembre de 2012
viernes, 14 de diciembre de 2012
ANTONIO MACHADO
Las ascuas de un crepúsculo, señora,
rota la parda nube de tormenta,
han pinchado en la roca cenicienta
de lueñe cerro un resplandor de aurora.
Una aurora cuajada de roca fría,
que es asombro y pavor del caminante
más que fiero león en claro día
o en garganta de monte osa gigante.
Con el incendio de un amor, prendido
al turbio sueño de esperanza y miedo,
yo voy hacia la mar, hacia el olvido
-y no como a la noche ese roquedo,
al girar del planeta ensombrecido-.
No me llaméis, porque tornar no puedo.
rota la parda nube de tormenta,
han pinchado en la roca cenicienta
de lueñe cerro un resplandor de aurora.
Una aurora cuajada de roca fría,
que es asombro y pavor del caminante
más que fiero león en claro día
o en garganta de monte osa gigante.
Con el incendio de un amor, prendido
al turbio sueño de esperanza y miedo,
yo voy hacia la mar, hacia el olvido
-y no como a la noche ese roquedo,
al girar del planeta ensombrecido-.
No me llaméis, porque tornar no puedo.
jueves, 6 de diciembre de 2012
viernes, 30 de noviembre de 2012
ANTONIO MACHADO
¡Por qué, decisme, hacia los altos llanos
huye mi corazón de esta ribera,
y en tierra labradora y marinera
suspiro por los yermos castellanos?
Nadie elige su amor. Llevome un día
mi destino a los grises calvijares
donde ahuyenta al caer la nieve fría
las sombras de los muertos encinares.
De aquel trozo de España, alto y roquero,
hoy traigo a ti, Guadalquivir florido,
una mata de áspero romero.
Mi corazón está donde ha nacido,
no a la vida, al amor, cerca del Duero.
¡El muro blanco y el ciprés erguido!
huye mi corazón de esta ribera,
y en tierra labradora y marinera
suspiro por los yermos castellanos?
Nadie elige su amor. Llevome un día
mi destino a los grises calvijares
donde ahuyenta al caer la nieve fría
las sombras de los muertos encinares.
De aquel trozo de España, alto y roquero,
hoy traigo a ti, Guadalquivir florido,
una mata de áspero romero.
Mi corazón está donde ha nacido,
no a la vida, al amor, cerca del Duero.
¡El muro blanco y el ciprés erguido!
viernes, 23 de noviembre de 2012
viernes, 16 de noviembre de 2012
ANTONIO MACHADO
LOS SUEÑOS DIALOGADOS
¡Cómo en alto llano tu figura
se me aparece! Mi palabra evoca
el prado verde y la árida llanura,
la zarza en flor, la cenicienta roca.
Y al recuerdo obediente, negra encina
brota en el cerro, baja el chopo al río;
el pastor va subiendo a la colina;
brilla un balcón en la ciudad: el mío,
el nuestro. ¿Ves? Hacia Aragón, lejana,
la sierra de Moncayo, blanca y rosa.
Mira el incendio de esa nube grana,
y aquella estrella en el azul, esposa.
Tras el Duero, la loma de Santana
se amorata en la tarde silenciosa.
¡Cómo en alto llano tu figura
se me aparece! Mi palabra evoca
el prado verde y la árida llanura,
la zarza en flor, la cenicienta roca.
Y al recuerdo obediente, negra encina
brota en el cerro, baja el chopo al río;
el pastor va subiendo a la colina;
brilla un balcón en la ciudad: el mío,
el nuestro. ¿Ves? Hacia Aragón, lejana,
la sierra de Moncayo, blanca y rosa.
Mira el incendio de esa nube grana,
y aquella estrella en el azul, esposa.
Tras el Duero, la loma de Santana
se amorata en la tarde silenciosa.
viernes, 9 de noviembre de 2012
viernes, 2 de noviembre de 2012
ANTONIO MACHADO
SOLEDADES A UN MAESTRO
No es profesor de energía
Francisco de Icaza,
sino de melancolía.
De su raza vieja
tiene la palabra corta,
honda la sentencia.
Como el olivar,
mucho fruto lleva,
poca sombra da.
En su claro verso
se canta y medita
sin grito ni ceño.
Y en perfecto rimo
-así a la vera del agua
el doble chopo del río-.
Sus cantares llevan
agua de remanso,
que parece quieta.
Y que no lo está;
mas no tiene prisa
por ir a la mar.
Tienen sus canciones
aromas y acíbar
de viejos amores.
Y del indio sol
madurez de fruta
de rico sabor.
Francisco de Icaza,
de la España vieja
y de Nueva España,
que en áureo centén
se graben tu lira
y tu perfil de virrey.
No es profesor de energía
Francisco de Icaza,
sino de melancolía.
De su raza vieja
tiene la palabra corta,
honda la sentencia.
Como el olivar,
mucho fruto lleva,
poca sombra da.
En su claro verso
se canta y medita
sin grito ni ceño.
Y en perfecto rimo
-así a la vera del agua
el doble chopo del río-.
Sus cantares llevan
agua de remanso,
que parece quieta.
Y que no lo está;
mas no tiene prisa
por ir a la mar.
Tienen sus canciones
aromas y acíbar
de viejos amores.
Y del indio sol
madurez de fruta
de rico sabor.
Francisco de Icaza,
de la España vieja
y de Nueva España,
que en áureo centén
se graben tu lira
y tu perfil de virrey.
viernes, 26 de octubre de 2012
viernes, 19 de octubre de 2012
ANTONIO MACHADO
EL VIAJE
- Niña, me voy a la mar.
- Si no me llevas contigo
te olvidaré, capitán.
En el puente de su barco
quedó el capitán dormido;
durmió soñando con ella;
¡Si no me llevas contigo!
Cuando volvió de la mar
trajo un papagayo verde.
¡Te olvidaré, capitán!
Y otra vez la mar cruzó
con su papagayo verde,
¡Capitán, ya te olvidó!
- Niña, me voy a la mar.
- Si no me llevas contigo
te olvidaré, capitán.
En el puente de su barco
quedó el capitán dormido;
durmió soñando con ella;
¡Si no me llevas contigo!
Cuando volvió de la mar
trajo un papagayo verde.
¡Te olvidaré, capitán!
Y otra vez la mar cruzó
con su papagayo verde,
¡Capitán, ya te olvidó!
sábado, 13 de octubre de 2012
viernes, 5 de octubre de 2012
ANTONIO MACHADO
PARERGON ( Al gigante ibérico Miguel de Unamuno
por quien la España actual alcanza
proceridad en el mundo)
LOS OJOS
Cuando murió su amada
pensó en hacerse viejo
en la mansión cerrada,
solo, con su memoria y el espejo
donde ella se miraba un claro día.
Como el oro en el arca del avaro,
pensó que no guardaría
todo un ayer en el espejo claro.
Ya el tiempo para él no correría.
Mas, pasado el primer aniversario,
¿cómo eran - preguntó -, pardos o negros,
sus ojos? ¿Glaucos? ¿Grises?
¿Cómo eran, ¡Santo Dios!, que no recuerdo?
Salió a la calle un día
de primavera, y paseó en silencio
su doble luto, el corazón cerrado.
De una ventana en el sombrío hueco
vio unos ojos brillar. Bajó los suyos
y siguió su camino. ¡Como ésos!
por quien la España actual alcanza
proceridad en el mundo)
LOS OJOS
Cuando murió su amada
pensó en hacerse viejo
en la mansión cerrada,
solo, con su memoria y el espejo
donde ella se miraba un claro día.
Como el oro en el arca del avaro,
pensó que no guardaría
todo un ayer en el espejo claro.
Ya el tiempo para él no correría.
Mas, pasado el primer aniversario,
¿cómo eran - preguntó -, pardos o negros,
sus ojos? ¿Glaucos? ¿Grises?
¿Cómo eran, ¡Santo Dios!, que no recuerdo?
Salió a la calle un día
de primavera, y paseó en silencio
su doble luto, el corazón cerrado.
De una ventana en el sombrío hueco
vio unos ojos brillar. Bajó los suyos
y siguió su camino. ¡Como ésos!
viernes, 28 de septiembre de 2012
jueves, 20 de septiembre de 2012
ANTONIO MACHADO
¿Ya de su color se avergüenzan
las hojas de la albahaca,
salvias y alhucemas?
Siempre en alto, siempre en alto.
¿Renovación? Desde arriba.
Dijo la cucaña al árbol.
Dijo el árbol: Teme al hacha,
palo clavado en el suelo:
contigo la poda es tala.
¿Cuál es la verdad? ¿El río
que fluye y pasa
donde el barco y barquero
son también ondas del agua?
¿O este soñar del marino
siempre con ribera y ancla?
Doy consejo, a fuer de viejo:
nunca sigas mi consejo.
Pero tampoc es razón
desdeñar
consejo que es confesión.
¿Ya sientes la savia nueva?
Cuida, arbolillo,
que nadie lo sepa.
Cuida de que no se entere
la cucaña seca
de tus ojos verdes.
Tu profecía, poeta.
-Mañana hablarán los mudos:
el corazón y la piedra.
-¿Mas el arte?
-Es puro juego,
que es igual a pura vida,
que es igual a puro fuego.
Veréis el ascua encendida.
las hojas de la albahaca,
salvias y alhucemas?
Siempre en alto, siempre en alto.
¿Renovación? Desde arriba.
Dijo la cucaña al árbol.
Dijo el árbol: Teme al hacha,
palo clavado en el suelo:
contigo la poda es tala.
¿Cuál es la verdad? ¿El río
que fluye y pasa
donde el barco y barquero
son también ondas del agua?
¿O este soñar del marino
siempre con ribera y ancla?
Doy consejo, a fuer de viejo:
nunca sigas mi consejo.
Pero tampoc es razón
desdeñar
consejo que es confesión.
¿Ya sientes la savia nueva?
Cuida, arbolillo,
que nadie lo sepa.
Cuida de que no se entere
la cucaña seca
de tus ojos verdes.
Tu profecía, poeta.
-Mañana hablarán los mudos:
el corazón y la piedra.
-¿Mas el arte?
-Es puro juego,
que es igual a pura vida,
que es igual a puro fuego.
Veréis el ascua encendida.
viernes, 14 de septiembre de 2012
viernes, 7 de septiembre de 2012
ANTONIO MACHADO
¡Qué gracia! En la Hespería triste,
promontorio occidental,
en este cansino rabo
de Europa, por desollar,
y en una ciudad antigua,
chiquita como un dedal,
¡el hombrecillo que fuma
y piensa, y ríe al pensar:
cayeron las altas torres;
en un basurero están
la corona de Guillermo,
la testa de Nicolás!
Entre las brevas soy blando;
entre las rocas, de piedra.
¡Malo!
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Tengo a mis amigos
en mi soledad;
cuando estoy con ellos
¡qué lejos están!
¡Oh Guadalquivir!
Te vi en Cazorla nacer;
hoy, en Sanlúcar morir.
Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!
Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿Sueñas con tu manantial?
El pensamiento barroco
pinta virutas de fuego,
hincha y complica el decoro.
Sin embargo
-Oh, sin embargo,
hay siempre un ascua de veras
en su incendio de teatro.
promontorio occidental,
en este cansino rabo
de Europa, por desollar,
y en una ciudad antigua,
chiquita como un dedal,
¡el hombrecillo que fuma
y piensa, y ríe al pensar:
cayeron las altas torres;
en un basurero están
la corona de Guillermo,
la testa de Nicolás!
Entre las brevas soy blando;
entre las rocas, de piedra.
¡Malo!
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Tengo a mis amigos
en mi soledad;
cuando estoy con ellos
¡qué lejos están!
¡Oh Guadalquivir!
Te vi en Cazorla nacer;
hoy, en Sanlúcar morir.
Un borbollón de agua clara,
debajo de un pino verde,
eras tú, ¡qué bien sonabas!
Como yo, cerca del mar,
río de barro salobre,
¿Sueñas con tu manantial?
El pensamiento barroco
pinta virutas de fuego,
hincha y complica el decoro.
Sin embargo
-Oh, sin embargo,
hay siempre un ascua de veras
en su incendio de teatro.
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