¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-qué importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.
domingo, 4 de mayo de 2008
ANGEL GONZALEZ
CUMPLEAÑOS DE AMOR
martes, 29 de abril de 2008
FRANCISCO DE QUEVEDO
A UNA NARIZ
Érase un hombre a una nariz pegado;
érase una nariz superlativa;
érase una nariz sayón y escriba;
érase un pez espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado;
érase una alquitara pensativa;
érase un elefante boca arriba;
era Ovidio Nasón más naridado.
Érase el espolón de una galera;
érase una piramíde de Egipto;
las doce tribus de narices era.
Era un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz ta fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
Érase un hombre a una nariz pegado;
érase una nariz superlativa;
érase una nariz sayón y escriba;
érase un pez espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado;
érase una alquitara pensativa;
érase un elefante boca arriba;
era Ovidio Nasón más naridado.
Érase el espolón de una galera;
érase una piramíde de Egipto;
las doce tribus de narices era.
Era un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz ta fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
jueves, 24 de abril de 2008
MANUEL MACHADO
LA COPLA ANDALUZA
Del placer , que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.
Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.
Son melancolía
sonora, son ayes,
de las otras cuerdas, heridas, punzadas,
las notas vibrantes.
Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo -paloma rafeña-
la copla andaluza.
Dios de ojos negros
y de rojos labios,
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño...
Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos..., de cosas
de hombres y mujeres.
Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.
Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.
Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.
Del placer , que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.
Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.
Son melancolía
sonora, son ayes,
de las otras cuerdas, heridas, punzadas,
las notas vibrantes.
Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo -paloma rafeña-
la copla andaluza.
Dios de ojos negros
y de rojos labios,
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño...
Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos..., de cosas
de hombres y mujeres.
Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.
Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.
Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.
domingo, 13 de abril de 2008
ANGEL GONZALEZ
CUMPLEAÑOS
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.
miércoles, 19 de marzo de 2008
FRANCISCO ACUÑA FIGUEROA
¿ POR QUE SU ODIO?
Sé que es un ingrato Bruno;
pero ese odio que me tiene
no sé de dónde le viene,
pues no le hice bien alguno.
MADURECES
Ansioso un higo comía
-cuenta a Gil el viejo Arbelo-
y, ¡tris!, saltó un diente al suelo
de sólo tres que tenía.
Es bien raro el accidente
estando maduro el higo.
Y aquél contestóle: Amigo,
más maduro estaba el diente.
A UNA FLAQUISIMA TUERTA
Aquí yace Estafanía,
flaca y aguda mujer,
que bien pudo aguja ser,
pues sólo un ojo tenía.
Momia, esqueleto de alambre,
en torno a sus huesos vanos
yacen también los gusanos,
porque se murieron de hambre.
Sé que es un ingrato Bruno;
pero ese odio que me tiene
no sé de dónde le viene,
pues no le hice bien alguno.
MADURECES
Ansioso un higo comía
-cuenta a Gil el viejo Arbelo-
y, ¡tris!, saltó un diente al suelo
de sólo tres que tenía.
Es bien raro el accidente
estando maduro el higo.
Y aquél contestóle: Amigo,
más maduro estaba el diente.
A UNA FLAQUISIMA TUERTA
Aquí yace Estafanía,
flaca y aguda mujer,
que bien pudo aguja ser,
pues sólo un ojo tenía.
Momia, esqueleto de alambre,
en torno a sus huesos vanos
yacen también los gusanos,
porque se murieron de hambre.
sábado, 15 de marzo de 2008
MANUEL MACHADO
CANTARES
Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.
A la sombra fresca de la vieja parra,
el mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares....
Son dejos fatales de la raza mora.
No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.
Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.
A la sombra fresca de la vieja parra,
el mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo acaricia y algo que desgarra.
La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares....
Son dejos fatales de la raza mora.
No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.
Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.
Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.
martes, 11 de marzo de 2008
ANTONIO RIOS DE OLANO
SIN HIJO
Era la madre de un niño,
de un niño que deliraba;
eran sus ojos dos fuentes
y los del hijo dos llamas.
No rías, hijo, no rías,
¡que me partes las entrañas!
Llora para que se enjuguen,
al verte llorar, mis lágrimas.
Aquel pajarito, madre,
que tiene el pico de plata,
el cuerpo de azul de cielo,
y de oro fino las alas.
Calló el niño, y quedó quieto,
las pupilas apagadas:
como quedan en el nido
polluelos que el cierzo mata.
Y dudando si dormía,
viendo que ya no lloraba,
besó la madre la boca
de un cuerpecito sin alma.
Desde entonces cuando trinan
las aves en la alborada,
mientras que cantar las oye,
ella ríe, llora y canta:
Aquel pajarito, madre
que tiene el pico de plata,
y el cuerpo de azul de cielo,
y de oro fino las alas.
Era la madre de un niño,
de un niño que deliraba;
eran sus ojos dos fuentes
y los del hijo dos llamas.
No rías, hijo, no rías,
¡que me partes las entrañas!
Llora para que se enjuguen,
al verte llorar, mis lágrimas.
Aquel pajarito, madre,
que tiene el pico de plata,
el cuerpo de azul de cielo,
y de oro fino las alas.
Calló el niño, y quedó quieto,
las pupilas apagadas:
como quedan en el nido
polluelos que el cierzo mata.
Y dudando si dormía,
viendo que ya no lloraba,
besó la madre la boca
de un cuerpecito sin alma.
Desde entonces cuando trinan
las aves en la alborada,
mientras que cantar las oye,
ella ríe, llora y canta:
Aquel pajarito, madre
que tiene el pico de plata,
y el cuerpo de azul de cielo,
y de oro fino las alas.
domingo, 24 de febrero de 2008
RUBEN DARIO (Canción de otoño en primavera)
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña en este
mundo de duelo y aflicción.
Miraba como el alba pura,
sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura,
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño;
ella, naturalmente, fue
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salome...
¡Juventud, divino tesoro
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer,
La otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
¡Juventud divino tesoro,
te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón,
poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretextos de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas, a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín...
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña en este
mundo de duelo y aflicción.
Miraba como el alba pura,
sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura,
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño;
ella, naturalmente, fue
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salome...
¡Juventud, divino tesoro
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer,
La otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
¡Juventud divino tesoro,
te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón,
poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretextos de mis rimas,
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas, a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín...
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
martes, 12 de febrero de 2008
GUSTAVO ADOLFO BÉQUER
RIMAS III
Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel;
Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo,
como volcán que sordo
anuncia que va a arder;
Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como a través de un tul;
Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos de Iris,
que nadan en la luz;
Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás;
Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar;
Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin rienda que lo guíe
caballo volador;
Locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador...
¡Tal es la inspiración!
Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro,
y entre las sombras hace
la luz aparecer;
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel;
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el cenit;
Inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir;
Armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás;
Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal;
Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción;
Raudal en cuyas ondas
su sed de fiebre apaga;
oasis que al espiritu
devuelve su vigor...
¡Tal es nuestra razón!
Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo el genio puede
a un yugo atar las dos.
Sacudimiento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel;
Murmullo que en el alma
se eleva y va creciendo,
como volcán que sordo
anuncia que va a arder;
Deformes siluetas
de seres imposibles;
paisajes que aparecen
como a través de un tul;
Colores que fundiéndose
remedan en el aire
los átomos de Iris,
que nadan en la luz;
Ideas sin palabras,
palabras sin sentido;
cadencias que no tienen
ni ritmo ni compás;
Memorias y deseos
de cosas que no existen;
accesos de alegría,
impulsos de llorar;
Actividad nerviosa
que no halla en qué emplearse;
sin rienda que lo guíe
caballo volador;
Locura que el espíritu
exalta y enardece;
embriaguez divina
del genio creador...
¡Tal es la inspiración!
Gigante voz que el caos
ordena en el cerebro,
y entre las sombras hace
la luz aparecer;
Brillante rienda de oro
que poderosa enfrena
de la exaltada mente
el volador corcel;
Hilo de luz que en haces
los pensamientos ata;
sol que las nubes rompe
y toca en el cenit;
Inteligente mano
que en un collar de perlas
consigue las indóciles
palabras reunir;
Armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás;
Cincel que el bloque muerde
la estatua modelando,
y la belleza plástica
añade a la ideal;
Atmósfera en que giran
con orden las ideas,
cual átomos que agrupa
recóndita atracción;
Raudal en cuyas ondas
su sed de fiebre apaga;
oasis que al espiritu
devuelve su vigor...
¡Tal es nuestra razón!
Con ambas siempre en lucha
y de ambas vencedor,
tan sólo el genio puede
a un yugo atar las dos.
domingo, 10 de febrero de 2008
GUSTAVO ADOLFO BEQUER
RIMA II
Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
sin adivinarse dónde
temblando se clavará;
Hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde a caer volverá;
Gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y no sabe
qué playa buscando va;
Luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
ignorándose cuál de ellos
el último brillará;
Ese soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dónde vengo, ni adónde
mis pasos me llevarán .
Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
sin adivinarse dónde
temblando se clavará;
Hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde a caer volverá;
Gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y no sabe
qué playa buscando va;
Luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
ignorándose cuál de ellos
el último brillará;
Ese soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dónde vengo, ni adónde
mis pasos me llevarán .
jueves, 7 de febrero de 2008
GUSTAVO ADOLFO BEQUER
RIMA I
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa!
Si, ten¡endo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh hermosa!
Si, ten¡endo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.
sábado, 2 de febrero de 2008
ROMANCE (Siglo XV - XVI)
De la Batalla de Roncesvalles
Ya comienzan los franceses
con los moros su batalla,
y los moros eran tantos,
resollar no los dejaban.
Allí dijo Baldovinos,
oireís bien lo que hablaba:
-¡Ay, compadre don Beltrán,
mal nos va en esta jornada!
De la sed de mis heridas
a Dios quiero dar el alma;
cansado traigo el caballo,
más el brazo del espada.
Roguemos a don Roldán
que una vez su cuerno taña.,
oír lo ha el Emperador
que allende el puerto cabalga;
más nos valdrá su socorro
que toda nuestra sonada.
- No me los rogueís, mis primos,
que ya rogado me estaba;
mas rogadlo a don Reinaldos
que a mí no me lo retraiga:
ni me lo retraiga aquí,
ni me lo retraiga en Francia,
delante el Emperador,
estando comiendo a tabla,
pues más quiero yo ser muerto,
que sufrir tal sobarbada.
¡Oh malhaya los franceses
de Francia la muy nombrada,
que por tan pocos moriscos
el cuerno tocar mandaban!
Ya desmayan los franceses,
ya comenzaban de huir.
¡Oh cuán bien los esforzaba
ese Roldán paladín!
-¡Vuelta, vuelta los franceses
con corazón a la lid;
más vale morir los buenos,
que deshonrados vivir!
Volviendo van los franceses
con corazón a la lid;
tantos matan de los moros,
que no puede decir.
Por Roncesvalles arriba
huyendo ya el rey Marsín,
caballero en una cebra,
no por mengua de rocin;
la sangre que de él corria
las yerbas hace teñir;
las voces que él iba dando,
al cielo quieren subir:
- Reniego de ti, Mahoma,
cabeza de oro te fiz;
sesenta mil caballeros
a til te los ofrecí;
mi mujer Abraima, mora,
ofrecióte quince mil;
de todos ésos, Mahoma,
tan solo me veo aquí.
Ya comienzan los franceses
con los moros su batalla,
y los moros eran tantos,
resollar no los dejaban.
Allí dijo Baldovinos,
oireís bien lo que hablaba:
-¡Ay, compadre don Beltrán,
mal nos va en esta jornada!
De la sed de mis heridas
a Dios quiero dar el alma;
cansado traigo el caballo,
más el brazo del espada.
Roguemos a don Roldán
que una vez su cuerno taña.,
oír lo ha el Emperador
que allende el puerto cabalga;
más nos valdrá su socorro
que toda nuestra sonada.
- No me los rogueís, mis primos,
que ya rogado me estaba;
mas rogadlo a don Reinaldos
que a mí no me lo retraiga:
ni me lo retraiga aquí,
ni me lo retraiga en Francia,
delante el Emperador,
estando comiendo a tabla,
pues más quiero yo ser muerto,
que sufrir tal sobarbada.
¡Oh malhaya los franceses
de Francia la muy nombrada,
que por tan pocos moriscos
el cuerno tocar mandaban!
Ya desmayan los franceses,
ya comenzaban de huir.
¡Oh cuán bien los esforzaba
ese Roldán paladín!
-¡Vuelta, vuelta los franceses
con corazón a la lid;
más vale morir los buenos,
que deshonrados vivir!
Volviendo van los franceses
con corazón a la lid;
tantos matan de los moros,
que no puede decir.
Por Roncesvalles arriba
huyendo ya el rey Marsín,
caballero en una cebra,
no por mengua de rocin;
la sangre que de él corria
las yerbas hace teñir;
las voces que él iba dando,
al cielo quieren subir:
- Reniego de ti, Mahoma,
cabeza de oro te fiz;
sesenta mil caballeros
a til te los ofrecí;
mi mujer Abraima, mora,
ofrecióte quince mil;
de todos ésos, Mahoma,
tan solo me veo aquí.
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