lunes, 21 de diciembre de 2009
MANUEL MACHADO
Casi todo alma,
vaga Gerineldos,
por esos jardines
del rey, a lo lejos,
junto a los macizos
de arrayanes. Besos
de la reina dicen
los morados cercos
de sus ojos mustios,
dos idilios muertos.
Casi todo alma,
se pierde en silencio
por el laberinto
de arrayanes. ¡Besos!
Solo, solo, solo.
Lejos, lejos, lejos.
Como una humareda,
como un pensamiento.
Como esa persona
extraña, que vemos
cruzar por las calles
oscuras de un sueño.
viernes, 18 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
BALTASAR DE ALCAZAR
Tu nariz, hermana Clara,
ya vemos visiblemente
que parte desde la frente:
no hay quien sepa dónde para.
Más puesto que no haya quien,
por derivación se saca
que una cosa tan bellaca
no puede parar en bien
A un giboso de delante
Un socarrón mesonero
dijo a un giboso al revés:
- No me neguéis esta vez
que cargasteis delantero.
El gibado, a estas razones
replicó: - Es muy importante
llevar la carga delante
quien se halla entre ladrones.
viernes, 11 de diciembre de 2009
miércoles, 9 de diciembre de 2009
MANUEL MACHADO
Como una flor clorótica el semblante,
que hábil pincel tiñó de leche y fresa,
emerge del pomposo guardainfante,
entre sus galas cortesanas presa.
La mano - ámbar de ensueño - entre los tules
de la falda desmáyase, y sostiene
el pañuelo requísimo, que viene
de los ojos atónitos y azules.
Italia, Flandes, Portugal. Poniente
sol de la gloria, el último destello
en sus mejillas infantiles posa.
Y corona no más su augusta frente
la dorada ceniza del cabello,
que apenas prende el leve lazo rosa.
lunes, 7 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
MIGUEL DE CERVANTES
El que calla.
¿Quién triunfa de su aspereza?
La firmeza.
¿Quién da alcance a su alegría?
La porfía.
De ese modo, bien podría
esperar dichosa palma
si en esta empresa mi alma
calla, está firme y porfía.
¿Con quién se sustenta amor?
Con favor.
¿Y con qué mengua su furia?
Con la injuria.
¿Antes con desdenes crece?
Desfallece.
Claro en esto se parece
que mi amor será inmortal,
pues la causa de mi mal
ni injuria ni favorece.
Quien desespera, ¿qué espera?
Muerte entera.
Pues, ¿qué muerte el mal remedia?
La que es media.
Luego, ¿bien será morir?
Mejor sufrir.
Porque se suele decir,
y esta verdad se reciba,
que tras la tormenta esquiva
suele la calma venir.
¿Descubriré mi pasión?
En ocasión.
¿Y si jamás se me da?
Sí hará.
Llegará la muerte en tanto.
Llegue a tanto
tu limpia fe y esperanza,
que, en sabiéndolo Costanza,
convierta en risa tu llanto.
lunes, 30 de noviembre de 2009
viernes, 27 de noviembre de 2009
MANUEL MACHADO
Una plaza tranquila. Sol. Más de mediodía.
La blanca tapia de un convento. Una
fachada de palacio antiguo. Lerma. Osuna.
La seriedad del sitio corrige la alegría
de la luz. Vana hierba entre las piedras crece.
Rejas - las viejas lanzas de los antepasados -
guardan los ventanales y balcones volados
del caserón antiguo, que tranquilo envejece.
Llegan las horas y las horas. Suena
una campana. Sale una mujer de luto.
Un mendigo la calle de un lado a otro pasa.
Es ciego. Su cayado en las losas resuena.
Un viejo de Ribera, avellanado, enjuto.
"Sea la paz de Dios en esta santa casa".
lunes, 23 de noviembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
FRANCISCO DE QUEVEDO
«A los moros por dinero;
a los cristianos de balde».
¿Quién es ésta que lo cumple?
Dígasmelo tú, el romance.
Yo, con mi fe de bautismo,
tras ella bebo los aires;
por moro me tienen todas:
dinero quieren que gaste.
En lenguaje de mujeres,
que es diferente lenguaje,
de balde es dos veces dé,
cosa que no entendió nadie.
Todas me llaman Antón,
todas me cobran Azarque,
y son, al daca y al pido,
mis billetes Alcoranes.
El sombrero que les quito
se les antoja turbante,
y mi prosa, algarabía,
por más español que hable.
Sin duda, romance aleve,
que, por sólo el consonante,
a los pordioseros fieles
les diste alegrón tan grande.
Y aquella maldita hembra,
para burlar el linaje
de los Baldeses de paga,
tocó a barato una tarde.
Luego que el romance oí,
me llamaba por las calles
cristianísimo, sin miedo
del rey de Francia y sus Pares.
¿Adónde están los cristianos
que gozan de aqueste lance?:
que en el reino de Toledo
los Pedros pagan por Tarfes.
Si la que lo prometiste
en esa cazuela yaces,
más gente harás, si te nombras,
que las banderas de Flandes.
Doña Urraca diz que fue
la del pregón detestable:
que cosa tan mal cumplida
no pudo ser de otras aves.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
lunes, 16 de noviembre de 2009
MANUEL MACHADO
Rosa y laurel simbólicos que aquí plantó Mañara
cantan su doble triunfo, su gloria dicen clara.
Habla la hermosa rosa de lo que amó y mató.
Dice noches de amores, heridas y placeres,
las canciones que hacía él para las mujeres
y evoca, roja y tibia, la sangre que vertió.
El laurel solemniza su puesta gloriosa
más allá de este Mundo, la santa y religiosa
fundación de esta Casa. Dice la Caridad,
las horas de esperanza y de recogimiento.
La elegancia suprema del arrepentimiento.
Y el último combate ¡y la inmortalidad!
viernes, 13 de noviembre de 2009
miércoles, 11 de noviembre de 2009
BALTASAR DE ALCAZAR
A Job el diablo tentó
con tanta solicitud,
que los bienes, la salud
y los hijos le quitó.
Más no pudiendo vencer
su virtud, por inquietarle,
trató de desesperarle
y le dejó... la mujer.
El estudiante
Cierto día un estudiante
al revisar su ropilla,
se encontró en la pantorrilla,
un enorme interrogante.
Siguió el pobrete adelante,
y al ver que en puntos hervía
su calceta, maldecía
diciendo: "¡Cuán bueno fuera
si más estambre tuviera
y menos ortografía!"
Constanza
Dos galanes pelearon
sobre Constanza una tarde:
Mirad, así Dios nos guarde,
para donde lo guardaron.
Si nació la enemistad
de verse un poco apretados,
dos pueden caber holgados
y aún tres a necesidad.
lunes, 9 de noviembre de 2009
viernes, 6 de noviembre de 2009
MANUEL MACHADO
Nadie más cortesano ni pulido
que nuestro rey Felipe, que Dios guarde,
siempre de negro hasta los pies vestido.
Es pálida su tez, como la tarde.
Cansado el oro de su pelo undoso,
y de sus ojos, el azul, cobarde.
Sobre su augusto pecho generoso
ni joyeles perturban, ni cadenas
en negro terciopelo silencioso.
Y en vez de cetro real, sostiene apenas,
con desmayo galán, un guante de ante
la blanca mano de azuladas venas.














