jueves, 30 de julio de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
ANTONIO MACHADO
COPLAS ESPAÑOLAS
¡Ay, quién fuero pueblo
una vez no más!
Y una vez - ¡quién lo sabría? -
curar esta soledad
entre los muchos amantes
como a las verbenas van
(¡albahacas de San Lorenzo,
fogaratas de San Juan!)
con el sueño de una
vida elemental.
Tú guardas el fuego,
yo gano el pan.
Y en esta noche de todos
tu mano en la mia está.
Te dije al cruzar la calle:
Morena, ¿cómo te llamas?
y a la vuelta de la esquina:
Que no me faltes mañana.
¡Noche de Aragón!
Rondaré tu casa
que quieras que no.
¡Ay, quién fuero pueblo
una vez no más!
Y una vez - ¡quién lo sabría? -
curar esta soledad
entre los muchos amantes
como a las verbenas van
(¡albahacas de San Lorenzo,
fogaratas de San Juan!)
con el sueño de una
vida elemental.
Tú guardas el fuego,
yo gano el pan.
Y en esta noche de todos
tu mano en la mia está.
Te dije al cruzar la calle:
Morena, ¿cómo te llamas?
y a la vuelta de la esquina:
Que no me faltes mañana.
¡Noche de Aragón!
Rondaré tu casa
que quieras que no.
jueves, 28 de mayo de 2015
jueves, 21 de mayo de 2015
ANTONIO MACHADO
POESÍAS SIN AGRUPAR
APUNTES Y CANCIONES
Como una ballesta,
en el aire azul,
hacia la torre mudejar.
La cigüeña absorta,
sobre su nido de ramas,
mirando la tarde roja.
Primavera vino.
Violetas moradas,
almendros floridos.
Se abrasó en la llama
de una velita de cera
la mariposilla blanca.
¡Noches de Santa Teresa!
Ya no hay quien medita de noche
con las ventanas abiertas.
Los cuatro quicios del mundo
tienen ya
estrellitas nuevas
que brillando están.
A nuevas estrellas,
otros barquitos sobre el mar.
Y los bolcheviques
(sobran rejas y tabiques)
di, madre, ¿cuándo vendrán?
Si te oye Don Lino,
¡válgame la Trinidad!
La honrada mocita
coser y esperar.
La fuente y las cuatro
acacias en flor
de la plazoleta.
Ya no quema el sol.
¡Tardecita alegre!
Canta, ruiseñor.
Es la misma hora
de mi corazón.
Por la calle arriba
sombrero y bastón
allá va Don Diego
a buscar amor.
Y aquella olivita vieja,
tan lejos del olivar,
cerca de la fuente clara,
¿qué hace allá?
Su madre, la de ojos verdes,
la puso donde hoy está.
A la vera del camino,
para la sombra no más.
APUNTES Y CANCIONES
Como una ballesta,
en el aire azul,
hacia la torre mudejar.
La cigüeña absorta,
sobre su nido de ramas,
mirando la tarde roja.
Primavera vino.
Violetas moradas,
almendros floridos.
Se abrasó en la llama
de una velita de cera
la mariposilla blanca.
¡Noches de Santa Teresa!
Ya no hay quien medita de noche
con las ventanas abiertas.
Los cuatro quicios del mundo
tienen ya
estrellitas nuevas
que brillando están.
A nuevas estrellas,
otros barquitos sobre el mar.
Y los bolcheviques
(sobran rejas y tabiques)
di, madre, ¿cuándo vendrán?
Si te oye Don Lino,
¡válgame la Trinidad!
La honrada mocita
coser y esperar.
La fuente y las cuatro
acacias en flor
de la plazoleta.
Ya no quema el sol.
¡Tardecita alegre!
Canta, ruiseñor.
Es la misma hora
de mi corazón.
Por la calle arriba
sombrero y bastón
allá va Don Diego
a buscar amor.
Y aquella olivita vieja,
tan lejos del olivar,
cerca de la fuente clara,
¿qué hace allá?
Su madre, la de ojos verdes,
la puso donde hoy está.
A la vera del camino,
para la sombra no más.
jueves, 14 de mayo de 2015
jueves, 7 de mayo de 2015
ANTONIO MACHADO
Cantó Vicente, pulsando
la prima de su guitarra,
y, como Infanzón y Diego,
habló del fuego y el agua.
Del fuego tengo cenizas
que no matarán el fuego,
sino que guardan mi brasa
para mañana encenderlo.
La sed en agua
cual ceniza en candela
también se guarda,
y es el agua que bebo
sed de mañana.
Mejor se guarda
que ceniza en candela
mi sed en agua,
que es el agua que bebo
sed de mañana.
Linda morena,
como laa sed va siempre
del agua cerca.
Aunque suspiro
ya sé que darme quieres
lo que te pido.
Quedó embebecida Inés
la última trova escuchando
y, quién sabe si pensando
en alguno de los tres.
la prima de su guitarra,
y, como Infanzón y Diego,
habló del fuego y el agua.
Del fuego tengo cenizas
que no matarán el fuego,
sino que guardan mi brasa
para mañana encenderlo.
La sed en agua
cual ceniza en candela
también se guarda,
y es el agua que bebo
sed de mañana.
Mejor se guarda
que ceniza en candela
mi sed en agua,
que es el agua que bebo
sed de mañana.
Linda morena,
como laa sed va siempre
del agua cerca.
Aunque suspiro
ya sé que darme quieres
lo que te pido.
Quedó embebecida Inés
la última trova escuchando
y, quién sabe si pensando
en alguno de los tres.
jueves, 30 de abril de 2015
jueves, 23 de abril de 2015
ANTONIO MACHADO
POR EL LIBRO PRESAGIOS
Francisco a Pedro Salinas:
Si el arte es fuego,
será con sombras divinas,
juego de manos de ciego.
A una mujer tres poetas,
Abel Infanzón, Juan Diego
y Vicente Gil, cantaron.
Cantó Infanzón el primero:
El aire por donde pasas,
niña, se incendia,
y a la altura de tus ojos
relampaguea.
Guarde Dios mi campo
de la nube negra,
guárdeme Santa María
de la amorosa tormenta.
No me mires más:
fuego que encienden tus ojos
ni tú misma apagarás.
Trovó Juan Diego, pulsando
a rebato en su vihuela.
¡Favor a mí, que me abraso!:
Un arroyuelo corría
entre los dos, y en tus manos
yo el agua clara bebía.
La niña se hizo mujer,
y el arroyo un ancho río.
Ya no me das de beber.
Ya no te alcanzo,
y es la sed que me abrasa,
sed de tus manos.
Siguió Vicente, pulsando
la prima de su guitarra
en el tema de Juan Diego:
la sed y el agua.
La sed y el agua, dijo,
son dos hermanas,
ni agua sin sed, morena,
ni sed sin agua.
Aunque suspiro,
bien sé que darme quieres,
lo que te pido.
Francisco a Pedro Salinas:
Si el arte es fuego,
será con sombras divinas,
juego de manos de ciego.
A una mujer tres poetas,
Abel Infanzón, Juan Diego
y Vicente Gil, cantaron.
Cantó Infanzón el primero:
El aire por donde pasas,
niña, se incendia,
y a la altura de tus ojos
relampaguea.
Guarde Dios mi campo
de la nube negra,
guárdeme Santa María
de la amorosa tormenta.
No me mires más:
fuego que encienden tus ojos
ni tú misma apagarás.
Trovó Juan Diego, pulsando
a rebato en su vihuela.
¡Favor a mí, que me abraso!:
Un arroyuelo corría
entre los dos, y en tus manos
yo el agua clara bebía.
La niña se hizo mujer,
y el arroyo un ancho río.
Ya no me das de beber.
Ya no te alcanzo,
y es la sed que me abrasa,
sed de tus manos.
Siguió Vicente, pulsando
la prima de su guitarra
en el tema de Juan Diego:
la sed y el agua.
La sed y el agua, dijo,
son dos hermanas,
ni agua sin sed, morena,
ni sed sin agua.
Aunque suspiro,
bien sé que darme quieres,
lo que te pido.
jueves, 16 de abril de 2015
jueves, 9 de abril de 2015
ANTONIO MACHADO
ALBORADAS
En San Millán
a misa de alba
tocando están.
Escuchad, señora,
los campaniles del alba,
los faisanes de la aurora.
Mal dice el negro atavío,
negro manto y negra toca,
con el carmín de esa boca.
Nunca se viera
de misa, tan de mañana,
viudita más casadera.
Las campanas del alba
sonando están.
Como lágrimas de plomo
en mi oído dan;
y en tu sueño niña, como
copos de lana serán.
Tin tan, tin tan,
las campanitas del alba
sonando están.
En San Millán
a misa de alba
tocando están.
Escuchad, señora,
los campaniles del alba,
los faisanes de la aurora.
Mal dice el negro atavío,
negro manto y negra toca,
con el carmín de esa boca.
Nunca se viera
de misa, tan de mañana,
viudita más casadera.
Las campanas del alba
sonando están.
Como lágrimas de plomo
en mi oído dan;
y en tu sueño niña, como
copos de lana serán.
Tin tan, tin tan,
las campanitas del alba
sonando están.
jueves, 2 de abril de 2015
jueves, 26 de marzo de 2015
ANTONIO MACHADO
VIEJAS CANCIONES
Muchas leguas de camino
hizo mi canción.
-¿En busca de un espejo?
- Buscando un corazón.
¡Jardines de mi infancia
de clara luz, que ya me enturbia el tiempo!
Con las lluvias de abril, con el milagro
brillad, jardines, de los ojos nuevos!
El verde que suena a seco
de los árboles de agosto,
que mueve el viento.
En los jardines del rey
hay muchas fuentes de piedra,
muchas fuentes solitarias,
¡cómo suena el agua en ellas!
Muchas leguas de camino
hizo mi canción.
-¿En busca de un espejo?
- Buscando un corazón.
¡Jardines de mi infancia
de clara luz, que ya me enturbia el tiempo!
Con las lluvias de abril, con el milagro
brillad, jardines, de los ojos nuevos!
El verde que suena a seco
de los árboles de agosto,
que mueve el viento.
En los jardines del rey
hay muchas fuentes de piedra,
muchas fuentes solitarias,
¡cómo suena el agua en ellas!
jueves, 19 de marzo de 2015
jueves, 12 de marzo de 2015
ANTONIO MACHADO
TIERRA BAJA
Por estas tierras de Andalucía,
¿no arrancan rejas los caballeros,
como Paredes, el gran forzudo,
dicen que hacía?
¿No hay bandoleros?
¿Diego Corrientes, Jaime el Barbudo,
José María,
con sus cuadrillas de escopeteros?
¡Oh, enjauladitas hembras hispanas,
desde que os ponen el traje largo,
cuán agria espera! ¡Qué tedio amargo
para vosotras, entre las rejas
de las ventanas
de estas morunas ciudades viejas,
de estas celosas urbes gitanas!
Por estas tierras de Andalucía,
¿no arrancan rejas los caballeros,
como Paredes, el gran forzudo,
dicen que hacía?
¿No hay bandoleros?
¿Diego Corrientes, Jaime el Barbudo,
José María,
con sus cuadrillas de escopeteros?
¡Oh, enjauladitas hembras hispanas,
desde que os ponen el traje largo,
cuán agria espera! ¡Qué tedio amargo
para vosotras, entre las rejas
de las ventanas
de estas morunas ciudades viejas,
de estas celosas urbes gitanas!
jueves, 5 de marzo de 2015
jueves, 26 de febrero de 2015
ANTONIO MACHADO
APUNTES
¿Faltarán los lirios
a la primavera,
el canto a la moza
y el cuento a la abuela,
y al llanto del niño
la ubre materna?
¿Los encinares del monte
son de retórica vieja?
Nunca desdeñéis las cópulas
fatales, clásicas, bellas,
del potro con la llanura,
del mar con la nave hueca,
del viento con el molino,
la torre con la cigüeña.
Riman la sed con el agua,
el fuelle con la candela,
la bruja con el rosario,
la jarra con la moneda.
Los cántaros con las fuentes
y las graciosas caderas,
y con los finos tobillos
la danza y la adolescencia.
El escudo con el brazo,
la mano con herramienta,
y los músculos de Heracles
con el león de Nemea.
Más si digo: hay coplas
que huelen a pesca,
o el mar huele a rosas,
sus gafas más negras
se calan los doctos y me latinean:
¿Risum teneatis?
con gran suficiencia.
Y las nueve musas
se ríen de veras.
¿Faltarán los lirios
a la primavera,
el canto a la moza
y el cuento a la abuela,
y al llanto del niño
la ubre materna?
¿Los encinares del monte
son de retórica vieja?
Nunca desdeñéis las cópulas
fatales, clásicas, bellas,
del potro con la llanura,
del mar con la nave hueca,
del viento con el molino,
la torre con la cigüeña.
Riman la sed con el agua,
el fuelle con la candela,
la bruja con el rosario,
la jarra con la moneda.
Los cántaros con las fuentes
y las graciosas caderas,
y con los finos tobillos
la danza y la adolescencia.
El escudo con el brazo,
la mano con herramienta,
y los músculos de Heracles
con el león de Nemea.
Más si digo: hay coplas
que huelen a pesca,
o el mar huele a rosas,
sus gafas más negras
se calan los doctos y me latinean:
¿Risum teneatis?
con gran suficiencia.
Y las nueve musas
se ríen de veras.
jueves, 19 de febrero de 2015
jueves, 12 de febrero de 2015
ANTONIO MACHADO
Claqueurs, polacos, guardad
para vuestros gladiadores
palmas, tabacos, honores,
dejadme mi soledad.
No me aplaudáix. Cuando el eco
de vuestros aplausos resuena
me voy poniendo tan hueco
que vuestro aplauso me llena.
De tanto y tanto soplar
su flauta no suena ni
por casualidad.
Dijo el caracol:
Esto sí que es prisa,
voy como una exhalación.
Cuando dos gitanos hablan
es la mentira inocente:
se mienten y no se engañan.
Oh, si la mejor poesía
se canta en el tono del
cuento de la nueva pipa.
Salió don Lope de casa
cuando la tarde caía.
Ya basta, cese la historia,
cuente su melancolía.
Desde el muro verde
vuelan las alondras,
hasta perderse en el azul del cielo.
¡Oh pardo aletear de tierra loca!
para vuestros gladiadores
palmas, tabacos, honores,
dejadme mi soledad.
No me aplaudáix. Cuando el eco
de vuestros aplausos resuena
me voy poniendo tan hueco
que vuestro aplauso me llena.
De tanto y tanto soplar
su flauta no suena ni
por casualidad.
Dijo el caracol:
Esto sí que es prisa,
voy como una exhalación.
Cuando dos gitanos hablan
es la mentira inocente:
se mienten y no se engañan.
Oh, si la mejor poesía
se canta en el tono del
cuento de la nueva pipa.
Salió don Lope de casa
cuando la tarde caía.
Ya basta, cese la historia,
cuente su melancolía.
Desde el muro verde
vuelan las alondras,
hasta perderse en el azul del cielo.
¡Oh pardo aletear de tierra loca!
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