viernes, 26 de septiembre de 2014
viernes, 19 de septiembre de 2014
ANTONIO MACHADO
ADIOS (1924)
Y nunca más la tierra de ceniza
a pisar volveré, que Duero abraza.
¡Oh loma de Santana, ancha y maciza;
placeta del Mirón, desierta plaza!
Con el sol de la tarde en mis balcones
nunca os veré. No me pidáis presencia;
las almas huyen para dar canciones:
alma es distancia y horizonte, ausencia.
Mas quien escuche la agria melodía
con que divierto el corazón viajero
por estos campos de mi Andalucía,
ya sabe manantial, cauce y reguero
del aguan santa de la huerta mía.
¡No todas vais al mar, aguas de Duero!
Y nunca más la tierra de ceniza
a pisar volveré, que Duero abraza.
¡Oh loma de Santana, ancha y maciza;
placeta del Mirón, desierta plaza!
Con el sol de la tarde en mis balcones
nunca os veré. No me pidáis presencia;
las almas huyen para dar canciones:
alma es distancia y horizonte, ausencia.
Mas quien escuche la agria melodía
con que divierto el corazón viajero
por estos campos de mi Andalucía,
ya sabe manantial, cauce y reguero
del aguan santa de la huerta mía.
¡No todas vais al mar, aguas de Duero!
viernes, 12 de septiembre de 2014
viernes, 5 de septiembre de 2014
ANTONIO MACHADO
CANTARES Y PROVERBIOS,
SÁTIRAS Y EPIGRAMAS.
Cuando recordar no pueda,
¿dónde mi recuerdo irá?
Una cosa es el recuerdo
y otra cosa recordar.
Cuando la tierra se trague
lo que se traga la tierra,
habrá mi recuerdo alzado
el ancla de la ribera.
Recuerdos de mis amores,
quizás no debéis temblar:
cuando la tierra me trague,
la tierra os libertará.
SÁTIRAS Y EPIGRAMAS.
Cuando recordar no pueda,
¿dónde mi recuerdo irá?
Una cosa es el recuerdo
y otra cosa recordar.
Cuando la tierra se trague
lo que se traga la tierra,
habrá mi recuerdo alzado
el ancla de la ribera.
Recuerdos de mis amores,
quizás no debéis temblar:
cuando la tierra me trague,
la tierra os libertará.
viernes, 29 de agosto de 2014
viernes, 22 de agosto de 2014
ANTONIO MACHADO
A LA MANERA DE JUAN DE MAIRENA
Apuntes para una geografía emotiva de España
¡Torreperogil!
¡Quién fuera una torre, torre del campo
del Guadalquivir!
Sol en los montes de Baza.
Mágina y su nube negra.
En el Aznaitín afila
su cuchillo la tormenta.
En Garciez
hay más sed que agua;
en Jimena, más agua que sed,
¡Qué bien los nombres ponía
quien puso Sierra Morena
a esta serranía!
En Alicún se cantaba:
Si la luna, sale
mejor entre los olivos
que en los espartales.
Y en la Sierra de Quesada;
Vivo en pecado mortal:
no te debiera querer;
por eso te quiero más.
Tiene una boca de fuego
y una cintura de azogue.
Nadie la bese.
Nadie la toque.
Cuando el látigo del viento
suena en el campo:¡amapola!
(como llama que se apaga
o beso que no se logra)
su nombre pasa y se olvida.
Por eso nadie la nombra.
Lejos, por los espartales,
más allá de los olivos,
hacia las adelfas
y los tarayes del río,
con esta luna de la madrugada,
¡amazona gentil del campo frío!
Apuntes para una geografía emotiva de España
¡Torreperogil!
¡Quién fuera una torre, torre del campo
del Guadalquivir!
Sol en los montes de Baza.
Mágina y su nube negra.
En el Aznaitín afila
su cuchillo la tormenta.
En Garciez
hay más sed que agua;
en Jimena, más agua que sed,
¡Qué bien los nombres ponía
quien puso Sierra Morena
a esta serranía!
En Alicún se cantaba:
Si la luna, sale
mejor entre los olivos
que en los espartales.
Y en la Sierra de Quesada;
Vivo en pecado mortal:
no te debiera querer;
por eso te quiero más.
Tiene una boca de fuego
y una cintura de azogue.
Nadie la bese.
Nadie la toque.
Cuando el látigo del viento
suena en el campo:¡amapola!
(como llama que se apaga
o beso que no se logra)
su nombre pasa y se olvida.
Por eso nadie la nombra.
Lejos, por los espartales,
más allá de los olivos,
hacia las adelfas
y los tarayes del río,
con esta luna de la madrugada,
¡amazona gentil del campo frío!
jueves, 14 de agosto de 2014
miércoles, 13 de agosto de 2014
ANTONIO MACHADO
Del juglar mediativo
quede el ínclito ideario
para el alba que aún no ría;
y el muñeco estrafalario
del retablo desafíe
con su gesto al son gregario.
Hiedra y parra. Las paredes
de los huertos blancas son.
Por calles de Sal-Si-Puedes
brillan balcón y balcón.
Todavía, ¡oh don Abel!,
vibra la campanería
de la tarde, y un clavel
te guarda Rosa María.
Todavía
se oyen entre los cipreses
de tu huerto y laberinto
de tus calles-eses y eses,
trenzadas, de vino tinto-
tus pasos; y el mazo suena
que en la fragua de un instinto
blande la razón serena.
De tu logos variopinto,
nueva ratio,
que el ancla en agua y viento,
buen cimiento
de tu lírico palacio.
Y cuajado en piedra el fuego
del amante
(Amor bizco y Eros ciego),
brilla el sol como diamante.
quede el ínclito ideario
para el alba que aún no ría;
y el muñeco estrafalario
del retablo desafíe
con su gesto al son gregario.
Hiedra y parra. Las paredes
de los huertos blancas son.
Por calles de Sal-Si-Puedes
brillan balcón y balcón.
Todavía, ¡oh don Abel!,
vibra la campanería
de la tarde, y un clavel
te guarda Rosa María.
Todavía
se oyen entre los cipreses
de tu huerto y laberinto
de tus calles-eses y eses,
trenzadas, de vino tinto-
tus pasos; y el mazo suena
que en la fragua de un instinto
blande la razón serena.
De tu logos variopinto,
nueva ratio,
que el ancla en agua y viento,
buen cimiento
de tu lírico palacio.
Y cuajado en piedra el fuego
del amante
(Amor bizco y Eros ciego),
brilla el sol como diamante.
viernes, 8 de agosto de 2014
viernes, 1 de agosto de 2014
ANTONIO MACHADO
CANCIONERO APÓCRIFO
Juan de Mairena
Mairena a Martín, muerto
Maestro, en tu lecho yaces,
en paz con Ella o con Él.
¿Quién sabe de últimas paces,
don Abel?
Si con Ella, bien colmada
la medida,
dice, quieta, en la almohada
tu noble cabeza hundida.
Si con Él, que todo sea
-donde sea- quieto y vivo,
el ojo en superlativo,
que mire, admire y se vea.
Juan de Mairena
Mairena a Martín, muerto
Maestro, en tu lecho yaces,
en paz con Ella o con Él.
¿Quién sabe de últimas paces,
don Abel?
Si con Ella, bien colmada
la medida,
dice, quieta, en la almohada
tu noble cabeza hundida.
Si con Él, que todo sea
-donde sea- quieto y vivo,
el ojo en superlativo,
que mire, admire y se vea.
viernes, 25 de julio de 2014
sábado, 19 de julio de 2014
ANTONIO MACHADO
Abre el rosal de la carroña horrible
su olvido en flor, y extraña mariposa,
jalde y carmín, de vuelo imprevisible,
salir se ve del fondo de una fosa.
Con el terror de víbora encelada,
junto al lagarto frío,
con el absorto sapo en la azulada
libélula que vuela sobre el río,
con los montes de plomo y de ceniza,
sobre los rubios agros
que el sol de mayo hechiza,
se ha abierto un abanico de milagros
el ángel del poema lo ha querido
en la mano creadora del olvido.
su olvido en flor, y extraña mariposa,
jalde y carmín, de vuelo imprevisible,
salir se ve del fondo de una fosa.
Con el terror de víbora encelada,
junto al lagarto frío,
con el absorto sapo en la azulada
libélula que vuela sobre el río,
con los montes de plomo y de ceniza,
sobre los rubios agros
que el sol de mayo hechiza,
se ha abierto un abanico de milagros
el ángel del poema lo ha querido
en la mano creadora del olvido.
viernes, 11 de julio de 2014
viernes, 4 de julio de 2014
ANTONIO MACHADO
Que apenas si de amor el ascua humea
sabe el poeta que la voz engola
y, barato cantor, se pavonea
con su pesar o enluta su viola;
y que si amor da su destello, sola
la pura estrofa suena,
fuente de monte, anónima y serena.
Bajo el azul olvido, nada canta,
ni tu nombre ni el mío, el agua santa.
Sombra no tiene de su turbia escoria
limpio metal; el verso del poeta
lleva el asnía de amor que lo engendrara
como lleva el diamante sin memoria
frío diamante, el fuego del planeta
trocado en luz, en una joya clara.
sabe el poeta que la voz engola
y, barato cantor, se pavonea
con su pesar o enluta su viola;
y que si amor da su destello, sola
la pura estrofa suena,
fuente de monte, anónima y serena.
Bajo el azul olvido, nada canta,
ni tu nombre ni el mío, el agua santa.
Sombra no tiene de su turbia escoria
limpio metal; el verso del poeta
lleva el asnía de amor que lo engendrara
como lleva el diamante sin memoria
frío diamante, el fuego del planeta
trocado en luz, en una joya clara.
viernes, 27 de junio de 2014
viernes, 20 de junio de 2014
ANTONIO MACHADO
Todo amor es fantasía;
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más,
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás.
Escribiré en tu abanico:
te quiero para olvidarte,
para quererte te olvido.
Te abanicarás
con un madrigal que diga:
en amor el olvido pone la sal.
Te pintaré solitaria
en la urna imaginaria
de un daguerrotipo viejo,
o en el fondo de un espejo,
viva y quieta,
olvidando a tu poeta.
Y te enviaré mi canción:
Se canta lo que se pierde,
con un papagayo verde
que la diga en tu balcón.
él inventa el año, el día,
la hora y su melodía;
inventa el amante y, más,
la amada. No prueba nada,
contra el amor, que la amada
no haya existido jamás.
Escribiré en tu abanico:
te quiero para olvidarte,
para quererte te olvido.
Te abanicarás
con un madrigal que diga:
en amor el olvido pone la sal.
Te pintaré solitaria
en la urna imaginaria
de un daguerrotipo viejo,
o en el fondo de un espejo,
viva y quieta,
olvidando a tu poeta.
Y te enviaré mi canción:
Se canta lo que se pierde,
con un papagayo verde
que la diga en tu balcón.
viernes, 13 de junio de 2014
viernes, 6 de junio de 2014
ANTONIO MACHADO
OTRAS CANCIONES A GUIOMAR
A la manera de Abel Martín y Juan de Mairena
¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche oscura!
¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!
En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en su paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;
en el nácar frío
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofrío
de una amanecida loca;
asomada al malecón
que bate la mar de un sueño,
y bajo el arco del ceño
de mi vigilia, a traición,
¡siempre tú!
Guiomar, Guiomar,
mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo ovidar.
A la manera de Abel Martín y Juan de Mairena
¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche oscura!
¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!
En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en su paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;
en el nácar frío
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofrío
de una amanecida loca;
asomada al malecón
que bate la mar de un sueño,
y bajo el arco del ceño
de mi vigilia, a traición,
¡siempre tú!
Guiomar, Guiomar,
mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo ovidar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




