viernes, 26 de junio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
FRANCISCO DE QUEVEDO
Si hija de mi amor
Si hija de mi amor mi muerte fuese,
¡qué parto tan dichoso que sería
el de mi amor contra la vida mía!
¡Qué gloria, que el morir de amar naciese!
Llevara yo en el alma adonde fuese
el fuego en que me abraso, y guardaría
su llama fiel con la ceniza fría
en el mismo sepulcro en que durmiese.
De esotra parte de la muerte dura,
vivirán en mi sobra mis cuidados,
y más allá del Lethe mi memoria.
Triunfará del olvido tu hermosura
mi pura fe y ardiente, de los hados;
y el no ser, por amar, será mi gloria.
viernes, 19 de junio de 2009
martes, 16 de junio de 2009
BALTASAR DE ALCAZAR
Tres cosas
Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso.
Esta Inés (amantes) es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.
Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.
Fue de Inés la primer palma,
pero ya júzgase mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.
En gusto, medida y peso
no le hallo distinción,
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.
Alega Inés su beldad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y berenjena
la española antigüedad.
Y está tan en fil el peso
que juzgado sin pasión
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.
A lo menos este trato
de estos mis nuevos amores,
hará que Inés sus favores,
me los venda más barato.
Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.
viernes, 12 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
MANUEL MACHADO
LA PRIMAVERA
¡Oh, el sotto voce balbuciente, oscuro,
de la primer lujuria! ¡O, la delicia
del beso adolescente, casi puro!
¡Oh, el no saber de la primer caricia!
¡Despertares de amor entre cantares
y humedad del jardín, llanto sin pena,
divina enfermedad que el alma llena,
primera mancha de los azahares!
Ángel, niño, mujer. Los sensuales
ojos adormilados y anegados
en inauditas savias incipientes.
¡Y los rostros de almendra, virginales,
como flores al sol, aurirrosados,
en los campos de mayo sonrientes!
¡Oh, el sotto voce balbuciente, oscuro,
de la primer lujuria! ¡O, la delicia
del beso adolescente, casi puro!
¡Oh, el no saber de la primer caricia!
¡Despertares de amor entre cantares
y humedad del jardín, llanto sin pena,
divina enfermedad que el alma llena,
primera mancha de los azahares!
Ángel, niño, mujer. Los sensuales
ojos adormilados y anegados
en inauditas savias incipientes.
¡Y los rostros de almendra, virginales,
como flores al sol, aurirrosados,
en los campos de mayo sonrientes!
viernes, 5 de junio de 2009
miércoles, 3 de junio de 2009
RAFAEL ALBERTI
La Horra
Aquí una casa, querida,
sólo con cuatro balcones,
sólo con cuatro cortinas,
sólo con dos corazones
y un espejito, mi vida.
viernes, 29 de mayo de 2009
lunes, 25 de mayo de 2009
MANUEL MACHADO
ANTÍFONA
Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca.
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca.
Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura.
Amarnos. ¡Ya no es tiempo de que me ames!
A tí y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos a un mismo tiempo santos e infames,
somos a un mismo tiempo pobres y reyes!
¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran,
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran.
Lo que vendemos ambos no tiene precio.
Así los dos, tú amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos.
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!
Ven y reiremos juntos mientras lloramos.
Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales.
¡Ah! Levanta la frente, flor siempreviva,
que das encanto, aroma, placer, colores.
Diles con esa fresca boca lasciva,
¡que no son de este mundo nuestros amores!
Igual camino en suerte nos ha cabido.
Un ansia igual nos lleva, que no se agota,
hasta que se confunda en el olvido
tu hermosura podrida, mi lira rota.
Crucemos nuestra calle de la amargura,
levantadas las frentes, juntas las manos.
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;
hetarias y poetas somos hermanos!
Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca.
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca.
Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura.
Amarnos. ¡Ya no es tiempo de que me ames!
A tí y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos a un mismo tiempo santos e infames,
somos a un mismo tiempo pobres y reyes!
¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran,
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran.
Lo que vendemos ambos no tiene precio.
Así los dos, tú amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos.
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía!
Ven y reiremos juntos mientras lloramos.
Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales.
¡Ah! Levanta la frente, flor siempreviva,
que das encanto, aroma, placer, colores.
Diles con esa fresca boca lasciva,
¡que no son de este mundo nuestros amores!
Igual camino en suerte nos ha cabido.
Un ansia igual nos lleva, que no se agota,
hasta que se confunda en el olvido
tu hermosura podrida, mi lira rota.
Crucemos nuestra calle de la amargura,
levantadas las frentes, juntas las manos.
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;
hetarias y poetas somos hermanos!
viernes, 15 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
MACIAS (SIGLO XV)
ROMANCE DEL CONDE ARNALDOS
¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar.
Las velas traía de seda,
la jarcia de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
nel mástil los faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos
bien oiréis lo que dirá:
- Por Dios ruego marinero,
digasme ora ese cantar.
- Yo no digo esa canción
sino a quien conmigo va.
¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar.
Las velas traía de seda,
la jarcia de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar,
los peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
nel mástil los faz posar.
Allí fabló el conde Arnaldos
bien oiréis lo que dirá:
- Por Dios ruego marinero,
digasme ora ese cantar.
- Yo no digo esa canción
sino a quien conmigo va.
lunes, 11 de mayo de 2009
viernes, 8 de mayo de 2009
MANUEL MACHADO
Y suena esa divina musiquilla
de La Giralda, que es toda Sevilla,
y es torera y graciosa y animada.
Y habla de la mujer enamorada
que nos espera. Y nombra
naranjos y azahares,
y la caña olorosa,
y una alegría rítmica en cantares,
y una tristeza vaga y lujuriosa.
Los látigos chasquean,
agitan la mulilla
en su carrera locas campanillas,
y mientras que se crean
las frentes sudorosas
y en el pecho golpean
los corazones, suena
la música torera y sevillana,
y, dejando en la arena
un surco negro y grana,
pasa arrastrando el toro.
Lleva en el fuerte cuerno
un hilillo de oro.
Después, como de un tajo,
la música, la luz y la algazara
cesan en un momento
contra compás. De un golpe el movimiento
se desvanece y para.
El gran suspiro que es la tarde crece
como de un pecho inmenso. Palidece
el sol. Y, terminada
la fiesta de oro y rojo, a la mirada
queda sólo, un eco
de amarillo seco
y sangre cuajada.
de La Giralda, que es toda Sevilla,
y es torera y graciosa y animada.
Y habla de la mujer enamorada
que nos espera. Y nombra
naranjos y azahares,
y la caña olorosa,
y una alegría rítmica en cantares,
y una tristeza vaga y lujuriosa.
Los látigos chasquean,
agitan la mulilla
en su carrera locas campanillas,
y mientras que se crean
las frentes sudorosas
y en el pecho golpean
los corazones, suena
la música torera y sevillana,
y, dejando en la arena
un surco negro y grana,
pasa arrastrando el toro.
Lleva en el fuerte cuerno
un hilillo de oro.
Después, como de un tajo,
la música, la luz y la algazara
cesan en un momento
contra compás. De un golpe el movimiento
se desvanece y para.
El gran suspiro que es la tarde crece
como de un pecho inmenso. Palidece
el sol. Y, terminada
la fiesta de oro y rojo, a la mirada
queda sólo, un eco
de amarillo seco
y sangre cuajada.
martes, 5 de mayo de 2009
lunes, 4 de mayo de 2009
FRANCISCO DE QUEVEDO
MIRE LOS MUROS DE LA PATRIA MIA
Miré los muros de la patria mía,
si en un tiempo fuertes, ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Salime al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del cielo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa, vi que amancillada
de anciana habitación era despojos;
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en qué poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Miré los muros de la patria mía,
si en un tiempo fuertes, ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Salime al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del cielo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa, vi que amancillada
de anciana habitación era despojos;
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en qué poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
miércoles, 29 de abril de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
MANUEL MACHADO
Veinte mil corazones
laten en un silenci
claro y caliente. Brindis.
Suenan con golpe seco
las banderillas mustias
en el lomo del toro, y a su cuello
la roja sangre tibia
hace un foulard soberbio.
De un lado, por debajo
del rojo trapo en que su furia engríe,
el toro surge, alzando
remolinos de arena.
De otro lado sonríe una cara morena.
O bien, en los tres tiempos
del pase natural, tendiendo el brazo
guarnecido de oro,
la clásica elegancia
con seriedad ejerce y arrogancia.
¡Fué, pudo ser! Los alamares de oro
rozaron con el asta ensangrentada.
En la arena tendido, yace el toro,
y de pie, sonriendo, está el espada.
Veinte mil voces -una- gritan locas.
La inesperada acometida ha hecho
del elegante paso
un revuelo confuso, y allá junto
de la barrera hay algo
indiscernible. Enfrente
se ven rostros de espanto.
Y, entre manchas de grana
y reflejos metálicos,
el toro, revolviéndose,
alza en los cuernos un pelele trágico.
laten en un silenci
claro y caliente. Brindis.
Suenan con golpe seco
las banderillas mustias
en el lomo del toro, y a su cuello
la roja sangre tibia
hace un foulard soberbio.
De un lado, por debajo
del rojo trapo en que su furia engríe,
el toro surge, alzando
remolinos de arena.
De otro lado sonríe una cara morena.
O bien, en los tres tiempos
del pase natural, tendiendo el brazo
guarnecido de oro,
la clásica elegancia
con seriedad ejerce y arrogancia.
¡Fué, pudo ser! Los alamares de oro
rozaron con el asta ensangrentada.
En la arena tendido, yace el toro,
y de pie, sonriendo, está el espada.
Veinte mil voces -una- gritan locas.
La inesperada acometida ha hecho
del elegante paso
un revuelo confuso, y allá junto
de la barrera hay algo
indiscernible. Enfrente
se ven rostros de espanto.
Y, entre manchas de grana
y reflejos metálicos,
el toro, revolviéndose,
alza en los cuernos un pelele trágico.
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